La Marca del Artista: Ser Artista

La Marca del Artista en la Revista Carabias. Crea tu marca personal y descubre el propósito del artista con Calastai.
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Ser Artista

Ser artista siento que conlleva primero poder reconocerse como una: la forma de atravesar los procesos, los altibajos de la profesión y sobre todo entender que no todos tenemos los mismos tiempos y estímulos.

¿Cómo saber cuándo parar? ¿Cómo retomar el ritmo? ¿Cuáles son los bloqueos que nos paralizan y de qué maneras podemos sobrellevarlos con menos ansiedad y estrés?

Estas son algunas de las preguntas que me han estado dando vueltas toda la primavera. Pues quién me siga en redes o quien esperara mi sección en la Revista estos últimos meses, habrá podido notar que la proliferación artística no fue mi fuerte durante esta última estación del año.

Creo que somos seres creativos, y la creatividad siempre está allí, como una energía en constante movimiento, pero volátil y que se ve drenada por distintos canales según lo que acontezca en nuestra vida.

Puedo preguntarles entonces… ¿Sienten que la energía creativa se alimenta y se drena según lo que hagan?

¿Pueden reconocer qué actividades, hábitos o situaciones los inspiran?, ¿y cuáles les generan el efecto contrario?

Ahora, una un poco más compleja: ¿No es acaso limitante conectar ciertas acciones o actividades con la inspiración?, ¿no nos estamos bloqueando a nosotros mismos, censurando de experimentar nuevos caminos creativos?

A mi forma de verlo, el movimiento puede tanto encender el motor de la creatividad como paralizarlo. La inercia en la que nos sometemos cuando hacemos una inversión de energía de esta índole genera una sensación de placer sobre un determinado enfoque que puede no ser necesariamente el que paga las cuentas. Al final del día nos sentimos satisfechos pero con una latente frustración de no estar encauzando bien nuestra energía.

Causa y efecto

Estos últimos meses me he dedicado a bailar y fue un descubrimiento que no me esperaba. Hace dos años empecé clases de salsa en línea, pero sin encontrarme a gusto en la pista de baile de sociales. Con el tiempo fuí sumando otros estilos: salsa cubana, kizomba, bachata…

En febrero de este año, aterricé en una pista de Swing y experimenté bailar lindy-hop sin haber hecho jamás una clase de este estilo. Mi sorpresa fue enorme cuando noté lo fluida y relajada que me sentía, y lo mucho que me gustaba. A los días hice lo mismo con otro baile de salón, y como no podía ser de otra manera más tirando a mis raíces, fuí a bailar tango. Nuevamente me hallé como en casa, como nunca me había sentido. Definitivamente estaba encontrando un nuevo canal y lo primero que se me vino a la cabeza fue “es por acá… ¿qué exactamente? No lo sé, pero es por acá”. Sólo hay que darle tiempo a descubrirlo, me dije a mí misma.

Esta experiencia me arrojó una máxima que ahora estaba dispuesta a poner en práctica: Explorar desde la incomodidad, coger aire y sentirme en el cuerpo de una bailarina, plantarme en la pista, improvisar.

Los sentimientos encontrados eran muchos: vergüenza, adrenalina, diversión, ansiedad, miedo.

Empecé a bailar casi todos los días, sobre todo lindy-hop. Averiguaba donde había jams callejeras (como le llaman a las pistas de baile improvisadas) y me movía de un sitio a otro. Lo que tienen este tipo de bailes es que la comunidad es muy variada y familiar, en cada ciudad encuentras una. Fui aprendiendo nuevos pasos y poco a poco me entró la curiosidad de mejorar la técnica hasta que finalmente el mes pasado me apunté a clases.

Ahora bien, todo era cotillón y guirnaldas, la vida parecía multicolor con cada giro nuevo que aprendía, pero al día siguiente, me sentaba en mi estudio y las ideas no fluían, no como los pasos de baile. Miraba la pantalla del ordenador y me quedaba en blanco, sólo podía pensar en mover el cuerpo y salir a dar saltos. La adrenalina era total, pero completamente enfocada en el baile.

Comencé a decirme a mí misma que el baile me estaba drenando la creatividad. Sí, era algo que estaba disfrutando muchísimo pero no podía diseñar. ¿Acaso había desplazado el foco desde el cual me alimentaba para crear? ¿Acaso toda la inspiración se estaba fugando en swing-outs y tandems de baile?

Equilibrio

Como se habrán podido dar cuenta, esta nota es más bien reflexiva y tiene (como mucho de lo que escribo) la intención de poner bajo la lupa nuestra profesión. ¿Qué es lo que nos motoriza y mueve a desarrollarnos como artistas?

Hace algunos años descubrí que para mí la pulsión creativa estaba muy alejada del diseño gráfico, más allá de que es la carrera que elegí vocacionalmente y que me apasiona. Lo que me mueve a crear no está directamente enlazada con ella.

La curiosidad me ha llevado a tocar nuevas fibras del arte. Comenzando con la ilustración y la pintura, que con timidez comencé a explorar hace un par de años, concebirme a mí misma como artista me concedió una libertad que me ha permitido salir de ese encasillamiento de que “somos lo que hacemos”. Y que eso nos define.

Somos lo que sentimos. O al menos eso creo yo. Y el baile es algo que ha llegado para quedarse, como la pintura, el diseño, la escultura y tantas otras diciplinas artísticas que he tenido la suerte de experimentar. Ya forman parte de mí, y están latentes como parte de quien soy.

Todo lo que hacemos SUMA una nueva experiencia a nuestra identidad artística, genera cambios en nuestra profesión y en la forma en que concebimos el mundo y el arte.

Por eso, y enlazando finalmente con la dirección y objetivos de esta sección de marcas para artistas, considero de suma importancia otorgarnos ese debido espacio de reflexión y apertura. Conocernos y explorarnos, para invertir en nuestra creatividad, para darle a su vez una oportunidad a otras disciplinas y a que nos enriquezcan como artistas.

Conclusión

Crear una marca personal abarca también entendernos como seres complejos y únicos que disfrutamos de muchas actividades lo que nos conforma y nos diferencia. Esa particularidad, suma de todas las inquietudes que nos motorizan, es la que puede darnos un incentivo inacabable a la hora de buscar inspiración.

Considero muy importante atender lo que el cuerpo y la mente nos pide, que no siempre será seguir por un camino recto, fácil y coherente. Las experiencias vitales también pueden ser disruptivas: ¿qué pasa si hacemos caso a nuestra intuición y probamos cosas nuevas?

Es clave darnos tiempo a que el proceso creativo se estabilice y nos permita hacer una lectura de él y de qué nuevas puertas se han abierto para nosotros.

¿Qué has experimentado en esta primera mitad del año, que hoy ya está pasando a formar parte de tu identidad?


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